Trabajo como cuidador en el Cementerio del pueblo, desde hace ya casi seis años, y si algo aprendí es a no sobresaltarme fácilmente.
Pero lo que pasó una noche de tormenta me dejó marcado… por lo absurdo que fue.
Era una noche cerrada, con lluvia fina y un poco de niebla.
Me quedé en la caseta revisando unos papeles cuando vi, desde la ventana, una bicicleta moviéndose sola entre los pasillos. Sin luces, sin ciclista, solo la bici avanzando lentamente, como si alguien invisible la empujara.
Salí con la linterna temblando. Caminé tras la bici, que seguía avanzando a paso firme. Me escondí detrás de un nicho y esperé a ver si aparecía alguien… pero nada.
Silencio absoluto. La bicicleta seguía y de pronto… ¡se cayó sola!
Me acerqué lentamente, como en película de terror, esperando que me saliera una figura espectral… y lo que encontré fue a “Chepe”, el nieto del jardinero, completamente cubierto con una sábana blanca que se le había enganchado en los radios traseros.
El chico había entrado a buscar unas herramientas olvidadas y, por no mojarse, se cubrió con lo primero que encontró: la sábana de los trapos de limpieza. Pero se le atoró en la rueda y cayó.
Nos miramos, él muerto de miedo y yo muerto de risa.
Ni fantasmas ni espíritus: solo un adolescente haciendo equilibrio en bici y disfraz accidental de fantasma.
Desde entonces, cada vez que alguien cuenta algo “raro” en el cementerio, lo primero que pregunto es: “¿Revisaste si era Chepe en la bicicleta?”
¿Te ha pasado que algo parecía paranormal… y al final fue solo alguien haciendo una tontería?
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Recuerda Prever Hoy Es La Tranquilidad Del Mañana