Hay personas que visitan una tumba y no lloran

Hay gente que llega al cementerio en silencio.

Limpia un poco la lápida.
Acomoda las flores.
Se queda unos minutos.
Y después se va.

Sin lágrimas.

A veces eso les hace sentir culpa.

Como si el dolor tuviera que verse de cierta manera.

Como si amar mucho a alguien obligara a romperse frente a una tumba.

Pero no siempre pasa así.

Hay personas que lloraron todo antes.
En hospitales.
En madrugadas.
En llamadas difíciles.
En meses enteros de cansancio.

Y cuando finalmente llegan al cementerio, ya no queda llanto.
Solo una especie de silencio.

También hay quienes nunca aprendieron a llorar delante de otros.

O quienes sienten las cosas tarde.

Muy tarde.

A veces el duelo aparece semanas después,
cuando encuentran una camisa,
un mensaje de voz,
o una receta escrita a mano.

No frente a la lápida.

En otro lugar cualquiera.

Hay personas que visitan una tumba y no lloran.

Y aun así recuerdan cumpleaños.
Siguen hablando de esa persona en presente.
Guardan objetos pequeños.
Se preocupan porque la tierra esté limpia.
Miran una foto de vez en cuando sin decirle a nadie.

El amor no siempre hace ruido.

A veces solo vuelve.

Quizá hemos aprendido a medir el dolor mirando lágrimas, cuando muchas veces el duelo se parece más al cansancio.

Gracias por quedarte hasta el final.

Si deseas compartir lo que pensaste o sentiste, los comentarios están abiertos.


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