El tiempo del funeral no es tiempo real

El tiempo del funeral no obedece a los relojes.

No avanza en línea recta ni responde a las horas marcadas en la pared.

Es otro tiempo. Uno espeso, irregular, que se estira y se encoge sin pedir permiso.

Hay minutos que duran una eternidad: el instante antes de cerrar el ataúd, la caminata lenta detrás del coche fúnebre, el silencio justo antes de que alguien diga algo que no sabe cómo decir. Y, al mismo tiempo, hay despedidas que pasan demasiado rápido.

Un abrazo breve. Una palabra torpe. Un “lo siento” que no alcanza a convertirse en conversación.

Durante un funeral, el tiempo no acompaña: irrumpe.

Mientras alguien habla, aparece un recuerdo sin aviso.

Una risa antigua. Una escena mínima e irrelevante que, de pronto, pesa más que todo el ritual. El cerebro viaja sin consultar: un cumpleaños, una discusión, una tarde cualquiera.

El pasado se cuela en el presente como si no hubiera reglas.

El reloj avanza, pero el cuerpo no. El cuerpo se queda detenido en un momento específico: en la última vez, en la noticia, en el instante exacto en que todo cambió.

Por eso resulta extraño que el mundo siga funcionando afuera. Que haya tráfico. Que alguien esté apurado. Que el día continúe como si nada.

El funeral tiene su propio ritmo. Uno que no se puede acelerar ni pausar.

Todo ocurre a destiempo: llorar demasiado pronto, no llorar cuando “deberías”, sentir alivio cuando esperabas solo tristeza. Nada encaja del todo, y eso también es parte del duelo.

Cuando termina, el reloj vuelve a imponer su autoridad. Hay que irse. Comer algo. Regresar a casa. Continuar. Pero algo queda suspendido, como si una parte de nosotros siguiera atrapada en ese tiempo irreal, caminando lento, recordando sin orden.

Quizá por eso los funerales cansan tanto. No solo por la tristeza, sino porque obligan a habitar un tiempo que no es el de todos los días. Un tiempo donde el pasado y el presente se tocan, donde la despedida ocurre mientras la memoria insiste en quedarse.

El tiempo del funeral no es tiempo real. Es tiempo de duelo. Y ese, a diferencia del reloj, no se puede medir.

Gracias por quedarte hasta el final.

Si deseas compartir lo que pensaste o sentiste, los comentarios están abiertos.


En Cementerio Las Casuarinas, ofrecemos jardines, nichos y capillas pensados para brindar tranquilidad y previsión.

📲WhatsApp: +502 2314 28203


🔗 https://www.facebook.com/cementeriolascasuarinas

🌿 Prever hoy es la tranquilidad del mañana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *